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Nada que ver con su personaje. Cuando activamos el enlace para vernos las caras con Marta Larralde, el ordenador nos devuelve pasión, entrega, ilusión y una sonrisa perfecta sobre la que resbala alguna lágrima al agradecer su buena estrella. Una conversación en la que repasamos su versátil trayectoria desde el inesperado debut con el papel protagonista de Lena (Gonzalo Tapia, 2001), hasta su participación en ficciones televisivas como Vivir sin permiso o Fariña, incursiones teatrales y esta continuación de León y Olvido (Xavier Bermúdez, 2004) que la recupera transformada en una persona diferente.

¿Cómo vuelve una actriz al lugar en el que dejó un personaje (Olvido) 15 años atrás?

Buscándolo en otro sitio. No quise volver a ver León y Olvido. Pensé que como yo no soy la misma, mi personaje tampoco podía serlo. En estos años he cambiado. Olvido y León no es una segunda parte, es una continuación de sus vidas.

Aquel fue el primer film español con un protagonista con síndrome de Down. ¿Cómo ha sido el reencuentro con su ‘hermano’ Guillem Jiménez?

Guillem y yo no hemos perdido el contacto to- dos estos años. Él ha venido muchas veces a mi casa de Vigo, yo he ido a verlo a Barcelona, ha pasado las Navidades con mi familia… Hemos seguido cuidándonos mutuamente.

¿Qué supone trabajar con un actor con esa afección?

Al principio, en la primera película, me daba res- peto por miedo a lo desconocido. Pero Guillem es tan cariñoso y tan generoso, que ahora sé que es una suerte. Él me lo ponía mucho más fácil que otros actores que probablemente están más pen- dientes de un resultado, o de sí mismos. Nos metimos en un juego que era hacer reaccionar al otro y fue una gozada, él no tiene prejuicios ni se pone corazas absurdas. ¡Hace falta más naturalidad!

¿Cómo surgió repetir la fórmula?

Aunque al director le rondaban muchas ideas y escribía cosas que continuaban aquella prime-ra película, yo creo que ha sido la insistencia de Guillem la que ha obrado el milagro. El guion es muy ácido, valiente y arriesgado, y lo que más me gusta de Xavier es que no trata a las personas con síndrome de Down con paternalismo ni le dice al espectador cómo tiene que pensar o sentir.

El lema del film es ‘todos necesitamos que nos cuiden’. ¿Quién cuida a Marta Larralde?

Mi familia, mi pareja y, sobre todo, yo misma. Siempre he sido muy deportista, desde niña que practicaba atletismo hasta ahora, en la pandemia, que he retomado el Ashtanga Yoga que descubrí en Los Ángeles. Soy trabajadora, disciplinada y lo practico todos los días para ser un poquito más consciente, respirar y encontrar la paz. En esta profesión hay que aprender que el éxito o la ausencia de proyectos no debe desestabilizarnos. He pensado en tirar la toalla muchas veces, he recibido muchos ‘noes’ y sigo recibiéndolos. Pero siempre vuelvo, me puede la pasión por este trabajo.

¿Usted ha dado calabazas a alguna propuesta?

A alguna, sí, pero siempre de forma meditada y consensuada con mis agentes. Tienes que hacer-lo así si quieres seguir una línea coherente en tu carrera, y no pasa nada. Antes de la pandemia tenía un montón de proyectos que se fueron al traste. Me habían cogido en una serie que se pospuso. Después la retomaron, pero a mi personaje le han metido la tijera. No merecía la pena hacerlo y dije ‘no’.

¿Cómo mantiene ocupada la mente en los parones?

Preparándome sin parar. El penúltimo curso ha sido con Àlex Rigola, maravilloso y productivo. Llevo 20 años viviendo de mi profesión, soy afortunada, pero en estos cursos conozco a gente de mi edad que no ha tenido su primera oportunidad y tiene que traba- jar en un bar, por ejemplo. Los bares están llenos de talento y los actores vivimos una crisis eterna.

Veo en su Instagram una imagen de Las ni–as, de Pilar Palomero. ¿Es su favorita para los Goya?

Me encanta la mirada de esa directora, su clase, su elegancia contando la historia al espectador, su reparto. Lo mío son las cintas personales, donde haya menos mainstream, y no me digan lo que tengo que sentir al verlas.

Fuente: FOTOGRAMAS